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viernes, 26 de abril de 2013

Yo, legión




Cuando a quien vive bajo esta presion constante de la vida contemporanea
se le pide que vuelva hacia si mismo su mirada mental, por lo general responde
que no tiene tiempo para entregarse a un tal ejercicio. Si se le insiste y asiente,
en la mayoria de los casos dira que no ve nada. Niebla. Oscuridad. En algunos
raros casos el observador informara que percibe algo que no sabria definir,
porque ese algo cambia todo el tiempo.
Esta ultima observacion es correcta. En efecto, todo cambia en nosotros
y a cada instante. Basta el menor choque exterior agradable o desagradable,
feliz o desgraciado para que nuestro contenido interior tome un nuevo
aspecto.
Aquí dos textos complementarios:
-Si continuamos la observacion interior sin tomar partida, nos permite
constatar muy pronto y no sin sorpresa que nuestro Yo, del
cual estamos habitualmente tan orgullosos, no es siempre igual a si mismo:
cambia. Luego la impresion se define; comenzamos a notar que en realidad no
vive en nosotros un hombre unico sino varios, cada uno con sus propios gustos,
sus aspiraciones propias y persiguiendo sus propios fines. De pronto descubrimos
en nosotros un mundo lleno de vida y de colores que hasta ayer ignorabamos
casi por completo.
De continuar la experiencia, pronto distinguiremos tres corrientes en
esa vida en perpetuo movimiento: la de la vida, por asi decir vegetal, de los
instintos; la de la vida animal de los sentimientos y, finalmente, la corriente de
la vida propiamente humana, caracterizada por el pensamiento y la palabra.
Algo asi como si en nosotros existiesen tres personas. Pero donde todo esta
entremezclado de una extraña manera.
Podemos apreciar entonces el valor de la observación de sí como metodo
de trabajo practico que permite conocerse y entrar en si mismo. A medida que
progresamos nos damos mas y mas cuenta de la real situacion en que nos
encontramos. En definitiva, el contenido interior del hombre es analogo a un
recipiente lleno de limaduras en estado de mezcla por accion mecanica, de modo
tal que cualquier choque sufrido por el recipiente provocara un desplazamiento
de las particulas de limadura. Es asi como la vida real escapa al ser humano, a
causa de ese cambio permanente de su vida interior.
No obstante, como veremos mas adelante, esta insensata y peligrosa
situacion puede ser favorablemente modificada. Ello requiere trabajo, esfuerzos
conscientes y sostenidos. La introspeccion mantenida incansablemen te trae
como consecuencia una sensibilizacion interior que, a su vez, intensificara la
amplitud y frecuencia de los movimientos en ocasion del desplazamiento de las
particulas de limadura. De esta forma, los choques que antes pasaban desapercibidos
provocaran de ahi en adelante vivas reacciones. Por su continua
amplificacion, estos movimientos llegaran a producir un frotamiento de tal
intensidad entre las particulas de limadura, que un dia se podra sentir el fuego
interior encenderse en si.
No basta una simple llamarada ni basta que el fuego arda bajo las
cenizas. Un fuego vivo, ardiente, una vez encendido debe ser cuidadosamente
mantenido por la voluntad de afinar y cultivar la sensibilidad. Si esto ocurre,
nuestro estado puedē cambiar: el calor de la llama provocara en nosotros la soldadura.
De ahí en adelante el contenido interior ya no formará un conglomerado
de partículas de limadura; formará un bloque. Los choques sufridos ya no
provocarán en el hombre, como antes, un cambio interior. Alcanzado este
punto, habrá adquirido la firmeza y permanecerá él mismo en medio de las
tempestades de la vida.
Tal es la perspectiva que se abre a quien estudia la ciencia esotérica.
Para alcanzar el estado que se acaba de describir habrá que desembarazarse
desde el comienzo de toda ilusión respecto a sí mismo, por cara que sea, pues,
tolerada al principio, una ilusión de esta índole crecerá sobre la marcha y, para
deshacerse de ella, serán necesarios sufrimientos y esfuerzos complementarios.
En tanto el hombre no lo haya alcanzado lavida constituye una
existencia fáctica,-ya que él mismo cambia a cada instante. Y dado que esos
cambios se producen bajo el efecto de choques exteriores que él casi nunca
puede prever, le es igualmente imposible estimar de antemano sus propios
cambios interiores. Vive librado a los acontecimientos, ocupado en recomponer
todo con subterfugios. En realidad, avanza hacia lo desconocido, librado al azar.
Este estado de cosas es llamado en la Tradición Ley del Azar o Ley del Accidente y
es la ley principal bajo cuyo imperio lleva el hombre, tal como es, su ilusoria
existencia. El hombre reacciona como puede contra la constante presión de las
dificultades y las obligaciones que pesan sobre él. En cuanto a los cambios
interiores, los percibe generalmente por las reacciones instintivas compensadoras
que provocan y adopta en cada circunstancia una actitud definida.
Procura, a cualquier precio, sino Es, al menos parecer logico consigo mismo y
dueño de sus actos. Ante un golpe de suerte o un éxito inesperado, trata de
persuadir a quienes lo rodean, e indirectamente de convencerse a si mismo, que
no esta para nada sorprendido, que había previsto el desarrollo de los hechos y
que todo habia sido calculado de antemano. En el caso contrario, si fracasa,
echara la culpa a los demás, a los acontecimientos y, en general, a las circunstancias.
Esto sucede porque el frotamiento de la limadura produce en nosotros
una sensación desagradable y sentimos la necesidad de desembarazarnos de
ella lo mas rápido posible. El movimiento de la limadura se detiene cuando
encontramos una solución: el falso motivo que nos permite detener el choque.
Es asi como el hombre se nos aparece constantemente preocupado por recomponer
con subterfugios su interior. Esto, con el tiempo, se torna automático.
Boris Mouravieff
-Al hablar de si mismo, el hombre dice: Yo. Es quizas el termino mas
enigmatico y menos definido del lenguaje humano. En efecto, al hablar de su
cuerpo, el hombre lo trata en tercera persona, lo cual es correcto. Ahora bien, al
hablar de su Alma, la trata tambien en tercera persona. Afirma asi que el no es
ni su cuerpo ni su Alma. Aunque parezca a primera vista paradojico, esta es la
regla para la inmensa mayoria de los seres humanos. Pero si el hombre no es ni
el cuerpo ni el Alma, .que es, entonces, el hombre? .Que es ese Yo que siente en
el y al cual se esfuerza por comunicarle aunque mas no sea una apariencia de
continuidad logica?
s articulas de limadura, cuya posicion relativa cambia todo el
t i e o son precisamente laslue en su conjunto representan nuestro Yo. Este Yo
no es constante, toma una multitud de aspectos diferentes pero es en todo caso
el Yo con el cual el hombre tal como nacio sobre la Tierra evoluciona
en la vida.
Ese Yo no solo no es ni constante ni permanente sino que, además, es
multiple, dado que cada uno de los tres hombres que coexisten en el hombre y
de los cuales hemos hablado antes, es igualmente un sujeto compuesto. De
modo que nuestro Yo es en realidad un conjunto formado por una multitud de
pequeños yoes, relativamente autónomos, cada uno con su tendencia a actuar a
su manera. Esta es la naturaleza de nuestro Yo, legión
Boris Mouravieff

La metáfora de la imagen significa el Yo Real o Amo en el centro y alrredor 7 caracteristicas bases de la personalidad, llamadas pasiones, pecados que son los ejes de los yoes. La palabra Legión significa en su tercera acepción: muchedumbre.


sábado, 15 de diciembre de 2012

LOS TOPES - LOS MUCHOS "YOES" Y RECUERDO DE SI


LOS TOPES Y LOS MUCHOS "YOES"
Casi todo es un tope para el recuerdo de sí. Es mucho más fácil
«estar en imaginación», estar identificado o estar negativo que
recordarse a sí mismo. Todos éstos son sustitutos cómodos. Como
recordarse a sí mismo no es mecánico, es muy difícil. Cualquier cosa es una desviación, cuando uno no está recordándose a sí mismo.
Cuando echamos la culpa de nuestra negatividad a las circunstancias o a otra persona, estamos topeando; en tanto culpemos a alguien, esto quiere decir que aún no hemos llegado al fondo del asunto. Topeamos nuestra incapacidad de recordarnos a nosotros mismos culpando a los demás. Ni siquiera podemos culparnos a nosotros mismos. Eso tampoco es recuerdo de sí. A menudo, los topes actúan cuando no hay recuerdo de sí. Sin embargo, podemos funcionar sin ellos; no son necesarios cuando el recuerdo de sí está presente. Topear* no es un estado permanente. La máquina puede topear por unos cuantos segundos y luego, mediante la atención dividida, se puede alcanzar un estado más elevado. Fortalecemos el deseo de despertar eliminando los topes y las ilusiones, aunque este proceso lleva tiempo. Con el paso del tiempo, comprendemos con mayor  profundidad que, sin el recuerdo de sí, todo es estéril.
Los muchos «yoes» topean la simplicidad del recuerdo de sí. El
centro intelectual puede plantear preguntas indefinidamente y
distraernos del recuerdo de sí. Deberíamos tratar de ver muchas de
estas preguntas como topes. Preguntar por qué ocurren los choques,
tiene su lugar, pero la pregunta es insignificante comparada con la
transformación de los choques en el recuerdo de sí y en el aferrarse al
presente. El sufrimiento innecesario topea la incapacidad de recordarse a sí mismo. Estar insatisfecho es igualmente un tope para el recuerdo de sí, pero, ¿qué no lo es? A diferencia de la gente que no tiene el sistema, nosotros sustituimos los topes con el recuerdo de sí.
¿Cómo podemos evitar el competir con los demás en el trabajo?
Dándonos cuenta de que la competencia es un tope para el
recuerdo de sí, de que no estamos jugando carreras; estamos aquí
para ayudarnos los unos a los otros a través de la segunda línea de
trabajo. Los «yoes» que se preocupan demasiado por el ritmo que
llevamos en la escuela son una expresión de la vanidad.


La humanidad siempre sufrirá guerras y cataclismos;
por suerte nosotros no tenemos que esperar a que haya un terremoto
para dividir la atención. Desde cierto punto de vista, da lo mismo que
ocurra un terremoto, una guerra o cualquier otra cosa. De todas
maneras, no podemos permitirnos el lujo de utilizar nuestro tiempo
con negligencia. Todo lo que podemos hacer es recordarnos a nosotros
mismos antes, durante y después de un acontecimiento. No podemos
esperar a que se cumplan o no las predicciones o profecías, porque
entonces nos recordaríamos a nosotros mismos solamente dos o tres
veces en la vida. Los choques son material para la evolución;
elevarnos por encima de ellos es imprescindible para nosotros. La
fuerza contraria, grande o pequeña, es siempre una oportunidad. Las
fuerzas superiores hacen que lo que anticipamos no suceda, para que
tengamos cuidado con los «yoes» de expectación.

Las fuerzas superiores, poco a poco, nos acorralan en el presente
vivo, al despojarnos de una serie de mentiras. La muerte es posible
para el cuerpo físico, pero nosotros podemos llegar a ser inmortales.
Sobrevivir a los muchos «yoes» penetrando el presente: ése es el
campo de batalla definitivo. Ouspensky dijo grandes cosas. Una de
ellas es que la cons-ciencia no es una actividad mental. Los centros
superiores no son ninguno de los muchos «yoes», ¡gracias a Dios!
Pinocho se convirtió en un niño real (el Mundo 6) y con el tiempo
venció al gato y a la zorra (los centros instintivo-motriz y emocional).
El obstáculo no es el acontecimiento, ni la persona, ni la etapa de la
vida, sino todos nuestros «yoes».
Piensa en el gran caos interno que vivimos diariamente. Nuestras
mentes son fortuitas y se mueven por asociación de un área a otra;
llamamos «hombre» a esto. Un nombre generoso para una comedia
divina.

Los muchos «yoes» son muy difíciles, ¿verdad? Aparecen sin ser
invitados. Debemos tratar de no confundirlos con el «yo» verdadero,
porque no son el «yo» verdadero. ¿No es interesante que existan tantos
personajes distintos en nuestro ser? Las diferentes partes de los
centros ascienden y producen «yoes» que provienen de las funciones
respectivas. La mente es como el tiempo: imprevisible. Los muchos
«yoes» están totalmente prendados de sí mismos y todos los «yoes»
utilizan el mismo portavoz. Es curioso que los muchos «yoes» vayan
bailando por nuestra mente y que nosotros seleccionemos el que
deseamos expresar. No te preocupes por ellos; mejor preocúpate por
el recuerdo de sí.
Cada día es una lucha por rescatar el presente de entre la
imaginación. Los muchos «yoes» carecen de unidad, pero nuestro
mayordomo tiene el concepto de unidad. De modo que entre conmoción
y conmoción, y durante ellas, progresamos. Todos tenemos muchos
«yoes» en el centro intelectual, que nos invitan a dejar el presente.
Tenemos que escabullimos una y otra vez hacia el presente a lo largo
de nuestra vida. Los muchos «yoes» nos hacen dar muchas vueltas. Es
difícil despegarnos de ellos; de algún modo hay que mantener la
distancia en los momentos activos e inactivos. Tenemos que esperar
hasta encontrar un «yo» con que podamos trabajar.

Debemos desarrollar un «yo» en el mayordomo,
que nos aconseje evitar la distracción de los «yoes». Algunos «yoes»
son inocuos; sin embargo, existen a expensas del recuerdo de sí.
Además, la falsa personalidad es tan astuta que ciertos «yoes»
engañosos tratarán de minar nuestro trabajo, yendo en pos de temas
aparentemente inofensivos y fascinantes.
Cuanto más despertamos, son más extravagantes los «yoes» que
nos da la Influencia C; sacuden nuestra facultad regente y generan los
centros superiores. Todos pasamos por períodos de comportamiento
extremado; en esos momentos, nuestro trabajo es recordarnos a
nosotros mismos y perseverar. En algún momento tenemos que agotar
el espectro del centro emocional. El centro emocional intenta destruir el
recuerdo de sí siempre que puede, aun en las ocasiones más
agradables. Por la mañana quiere pensar en la tarde.

Los muchos «yoes» son irrelevantes. Son, desde cierto ángulo, como
hormigas pululando en el cerebro. Identificarse con ellos es aun peor.
Los «yoes» pueden ser engañosos, de modo que
a veces no hay que confiar en ningún «yo», sólo estar presente.
Cualquier «yo» que no esté relacionado con el recuerdo de sí es un
extraño.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

YO






Un día, con referencia a la descripción de un ejercicio de concentración, en el cual se trataba
de llevar la atención de una parte del cuerpo hacia otra, G. preguntó:
¿Cuándo ustedes pronuncian la palabra Yo en voz alta, pueden notar dónde resuena en
ustedes esta palabra?"
No comprendimos en seguida lo que quería decir. Pero algunos de los nuestros comenzaron a
notar muy pronto que cuando pronunciaban la palabra Yo, tenían la impresión de que esa
palabra resonaba en la cabeza, otros la sentían en el pecho, otros encima de la cabeza — fuera
del cuerpo.
Debo decir aquí que, por mi parte, yo era totalmente incapaz de provocar esta sensación en
mí, y que tenía que referirme a los otros.
Al escuchar todas nuestras conversaciones, G. dijo que un ejercicio de este género se había
conservado hasta nuestros días en los monasterios del monte Athos.
Un monje se mantiene en una cierta posición, ya sea arrodillado o de pie, los brazos en alto
con los codos en ángulo, y dice "Ego" en voz alta y sostenida, escuchando a la vez dónde
resuena esta palabra.
La meta de este ejercicio es la de hacerle sentir su "Yo" cada vez que piensa en sí mismo, y de
hacer pasar su "Yo" de un centro a otro.
G. recalcó varias veces la necesidad de estudiar esta "técnica" olvidada, porque dijo que sin
ella es imposible obtener resultado alguno en el camino de la religión, aparte, claro está, de
resultados puramente subjetivos.
Si lo desean se puede aprovechar esta oportunidad de la lectura, para tratar de hacer este, ejercicio. Si no es mucho pedir al que pueda dejar un comentario de lo que percibió, haciendo ese ejercicio.
-Recuerden, dijo, que toda religión verdadera — hablo de aquellas que fueron creadas por
hombres realmente sabios con una meta precisa — está compuesta de dos partes. La primera
enseña lo que debe ser hecho. Esta parte recae en el dominio de los conocimientos generales y
se corrompe con el tiempo a medida que se aleja de su origen. La otra parte enseña cómo
hacer lo que enseña la primera. Esta segunda -se conserva secretamente en ciertas escuelas, y
con su ayuda siempre se puede rectificar lo que ha sido falseado en la primera parte, o
restaurar lo que ha sido olvidado.
"Sin esta segunda parte, no puede haber conocimiento de la religión, o en todo caso, este
conocimiento permanece incompleto y muy subjetivo.
Fragmentos de una enseñanza desconocida.

domingo, 28 de febrero de 2010

LOS YOES Y LA UNIDAD

LOS YOES Y LA UNIDAD



Cuando a quien vive bajo esta presión constante de la vida contemporánea
se le pide que vuelva hacia si mismo su mirada mental, por lo general responde
que no tiene tiempo para entregarse a un tal ejercicio. Si se le insiste y asiente,
en la mayoría de los casos dirá que no ve nada. Niebla. Oscuridad. En algunos
raros casos el observador informara que percibe algo que no sabría definir,
porque ese algo cambia todo el tiempo.
Esta última observación es correcta. En efecto, todo cambia en nosotros
y a cada instante. Basta el menor choque exterior —agradable o desagradable,
felíz o desgraciado— para que nuestro contenido interior tome un nuevo
aspecto.
Si continuamos la observación interior sin tomar partida, esta introspección
nos permite constatar muy pronto y no sin sorpresa que nuestro Yo, del
cual estamos habitualmente tan orgullosos, no es siempre igual a si mismo:
cambia.
Luego la impresión se define; comenzamos a notar que en realidad no
vive en nosotros un hombre único sino varios, cada uno con sus propios gustos,
sus aspiraciones propias y persiguiendo sus propios fines. De pronto descubrimos
en nosotros un mundo lleno de vida y de colores que hasta ayer ignorábamos
casi por completo.
De continuar la experiencia, pronto distinguiremos tres corrientes en
esa vida en perpetuo movimiento: la de la vida, por asi decir vegetal, de los
instintos; la de la vida animal de los sentimientos y, finalmente, la corriente de
la vida propiamente humana, caracterizada por el pensamiento y la palabra.
Algo asi como si en nosotros existiesen tres personas. Pero donde todo esta
entremezclado de una extraña manera.
Podemos apreciar entonces el valor de la OBSERVACIÓN DE SI como método
de trabajo practico que permite conocerse y entrar en si mismo. A medida que
progresamos nos damos mas y mas cuenta de la real situación en que nos
encontramos. En definitiva, el contenido interior del hombre es análogo a un
recipiente lleno de limaduras en estado de mezcla por acción mecánica, de modo
tal que cualquier choque sufrido por el recipiente provocara un desplazamiento
de las partículas de limadura. Es así como la vida real escapa al ser humano, a
causa de ese cambio permanente de su vida interior.fig 1
No obstante, como veremos mas adelante, esta insensata y peligrosa
situación puede ser favorablemente modificada. Ello requiere trabajo, esfuerzos
conscientes y sostenidos. La OBSERVACIÓN mantenida incansablemente trae
como consecuencia una sensibilización interior que, a su vez, intensificara la
amplitud y frecuencia de los movimientos en ocasión del desplazamiento de las
partículas de limadura. De esta forma, los choques que antes pasaban desapercibidos
provocaran de ahí en adelante vivas reacciones. Por su continua amplificación, estos movimientos llegaran a producir un frotamiento de tal intensidad entre las partículas de limadura, que un día se podrá sentir el fuego interior encenderse en si.
Fig. 2
No basta una simple llamarada ni basta que el fuego arda bajo las
cenizas. Un fuego vivo, ardiente, una vez encendido debe ser cuidadosamente
mantenido por la voluntad de afinar y cultivar la sensibilidad. Si esto ocurre,
nuestro estado puedē cambiar: el calor de la llama provocara en nosotros la soldadura De ahí en adelante el contenido interior ya no formará un conglomerado
de partículas de limadura; formará un bloque. Los choques sufridos ya no
provocarán en el hombre, como antes, un cambio interior. Alcanzado este
punto, habrá adquirido la firmeza, permanecerá él mismo en medio de las
tempestades de la vida.
Tal es la perspectiva que se abre a quien estudia la ciencia esotérica.
Para alcanzar el estado que se acaba de describir habrá que desembarazarse
desde el comienzo de toda ilusión respecto a sí mismo, por cara que sea, pues,
tolerada al principio, una ilusión de esta índole crecerá sobre la marcha y,
deshacerse de ella, serán necesarios sufrimientos y esfuerzos complementarios.

BORIS MOURAVIEF, Gnosis I

viernes, 20 de noviembre de 2009

El HOMBRE EXTERIOR

El hombre exterior tiene tres Yoes: el Yo del cuerpo (físico), el Yo de la Personalidad (psíquico) y, en potencia, el Yo real (espiritual).
Teóricamente, el Yo real debería haber asumido la responsabilidad del comando de todo el sistema.
Sin embargo, desde la caída de Adán el Yo real está relegado, bajo el aspecto de fuero interno, al último plano de la conciencia de vigilia, dominada por el Yo psíquico de la Personalidad.
Pero ésta, que dirige por así decir, interinamente, carece de unidad. Tornadiza, flotante, múltiple, sólo puede
actuar de manera desordenada. Tanto es así que el Yo del cuerpo, que normalmente debería obedecer al Yo psíquico, le impone a menudo sus propios
móviles. Un ejemplo banal de tal dominación está dado por el adulterio
originado en una atracción sexual sin ningún lazo espiritual. (No confundir con
la explotación de la atracción sexual con metas determinadas por los cálculos
del centro intelectual de la Personalidad.)
Si pasamos revista en nuestra vida a diferentes ejemplos de relación entre
los tres Yoes nos será provechoso volver a meditar sobre el símbolo del Carruaje,
que ofrece numerosas e instructivas analogías al respecto.
*
* *
Usamos el Yo de la Personalidad en el estado de vigilia. Durante el sueño
perdemos conocimiento de ese Yo y el del cuerpo toma su lugar. Desde luego,
las funciones puramente fisiológicas tienen un carácter continuo, pero es recién
cuando el hombre está dormido —o sea cuando el Yo psíquico se desvanece y
ya no se inmiscuye en la actividad del Yo del cuerpo— que el Yo del cuerpo actúa
sobre el plano que le es propio, sin trabas y a ,abiendas. Cabe observar que el
Yo del cuerpo nunca desaparece totalmente en casos de letargia o anestesia, ni
siquiera en el coma.
El centro motor sirve de órgano de manifestación al Yo del cuerpo. Se verá
más adelante que no es n l único en cumplir esa función. En cuanto al Yo
psíquico, el de nuestra Personalidad, se expresa generalmente por los centros
emocional e intelectual. No obstante, en la mayoría de los casos utiliza esos
centros de manera inadecuada y suele, además, intervenir en el funcionamiento
1. Marcos, IV, 11.
del centro motor. Consecuencia inmediata de este estado de cosas es la ilogicidad
de nuestra vida psíquica: el Yo del cuerpo entra en competencia con el Yo
de la Personalidad, el cual, en tanto múltiple, no tiene —y no puede tener—
continuidad lógica en las ideas ni en los actos. Así pasa el hombre su vida, de
acciones en reacciones y de reacciones en acciones. Esta incoherencia de nuestra
vida es harto conocida y sirve a menudo de trama a las producciones de
novelistas y dramaturgos. En la Tradición se evoca a menudo en estos casos la
imagen de una coexistencia de tres hombres en el hombre: uno que piensa, otro
que siente y un tercero que actúa. Se describen süs intromisiones en los
dominios ajenos, intromisiones que, según los casos, pueden ser naturales o no
naturales, saludables o dañinas. Las intervenciones no naturales son siempre
nocivas yen ellas radica la causa de buena parte de nuestros conflictos internos y
externos. A veces suaves, en otros casos violentas, estas intromisiones se
agravan aún más por el hecho de que los centros, dada su división en sectores,
no pueden actuar de manera autónoma, aún cuando cada uno pretenda
imponerse a los otros. Cuanto más fuerte es la acción emprendida por un centro
tanto más fuerte será el arrastre mecánico que sufren los otros dos —casos
patológicos aparte.
Dado que el Yo de la Personalidad está formado por un número considerable
de pequeños Yoes dispuestos en diferentes grupos que, a su vez, rigen
nuestras actitudes y nuestras acciones ¿cómo conciliar este estado caótico con
la continuidad, aunque más no sea aparente, de nuestra vida psíquica? Tres son
los elementos que fundamentan esta apariencia de continuidad:
—el nombre;
—la experiencia fijada por la memoria;
—la facultad de mentirse y de mentir a los demás.
El nombre que llevamos corresponde al Yo de la Personalidad, o sea al
conjunto de las partículas de limadura, cualquiera sea la posición recíproca que
éstas adopten. Desde la adolescencia, el nombre corresponde también a la
representación que el hombre se hace de sí mismo en el estado de vigilia más,
a menudo, el agregado de una imagen ideal de sí, imagen de lo que aspira a ser
o devenir.
Por eso se aferra a su nombre como a una tabla de salvación. En efecto, todo
lo que existe tiene un nombre, sin nombre no podemos imaginar ninguna
existencia psíquica o física, real o fáctica.
En el caso del hombre, su nombre y apellido cubren el conjunto de lo que
puede definirse como su universo propio, tanto en sus elementos concretos
como en los imaginarios, a menudo considerados por él como reales.





Mouravieff, Boris; Gnosis, Cristianismo Esotérico, 1989













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lunes, 24 de agosto de 2009

CUARTO CAMINO DICE:

MAURICE NICOLL

LA DOCTRINA DE LOS 'YOES' I

Regresemos a la ensenanza fundamental del Trabajo y tomemos como ejemplo la doctrina de los "Yoes ".Cuantos 'Yoes' tenemos en nosotros?", pregunto una vez O. ".Tenemos 20 o 30?" O. replico: "Tenemos centenares de miles de 'Yoes' en nosotros, pero debido a la accion
de los topes no los vemos distintamente y seguimos creyendo que hay un solo 'Yo' que siempre actua v siente de la misma manera. Este es el 'Yo' Imaginario. La imaginacion nos hace creer que tenemos un 'Yo', el 'Yo' Imaginario, que nos impide cambiar".
En otra oportunidad se le pregunto si los "Yoes" eran imaginanos, y contesto claramente que los "Yoes" eran seres reales en nosotros, personas reales, pero en virtud de no verlos nos imaginabamos tener un "Yo" Real. "Los 'Yoes' son reales", dijo, "pero el 'Yo' Imaginario es
imaginario. Cada 'Yo' es una personita que vive en uno mismo". Del mismo modo que la gente esta dividida en Hombre No 1, Hombre No 2 y Hombre No 3, los "Yoes" que existen en una persona estan divididos de una manera similar. Cada "Yo" tiene una parte pensante, una parte emocional y una parte motora, pero su centro de gravedad suele estar mas en la esfera de los pensamientos o de las emociones o de las acciones. Cada "Yo" es un ser distinto que se hace cargo de nosotros y habla por nuestro telefono llamandose a si mismo "Yo". Algunos de los "Yoes" nos hacen mucho dano, otros son indiferentes y algunos son utiles. Hace poco alguien pregunto si todos nuestros pensamientos provenian de diferentes "Yoes". La respuesta fue "Si". Pero no es solo esto; todos nuestros estados de animo, nuestros sentimientos, nuestras acciones, nuestras palabras, provienen de diferentes "Yoes" en nosotros. Tal como somos, no tenemos individualidad, ni "Yo" Real, ni un "Yo" principal que controle a todos los demas "Yoes" y los disponga en un orden correcto. Al principio es mas facil observar a los "Yoes" que actuan prestandonos ciertas clases de pensamientos. Observe que esta pensando de cierta manera acerca de una persona. Este es un
"Yo" que esta pensando, pero usted cree que es usted mismo. O digamos que esta pensando sobre su vida: es otra vez un "Yo" y usted lo toma como a si mismo. Cuando una persona no ve ese ardid constantemente repetido, toma todos esos pensamientos como ella misma. Piensa: Yo estoy pensando en tal cosa. O dice; Es asi como pienso yo. No ve que alguien esta pensando por ella y que ella no piensa en absoluto. Oye los pensamientos de esos "Yoes" como si fuera ella quien los esta pensando. De hecho, piensa que piensa. Ahora bien, los
"Yoes" mejores oueder ver a los "Yoes" peores, pero los "Yoes" peores no pueden ver a los mejores. Lo que es superior puede ver a lo que es inferior, pero, lo inferior no puede ver lo superior. Cuando se empieza a observar verdaderamente los propios pensamientos se suele
ver cierta clase de pensamientos que no se desea aceptar, ya sea relativos a las otras personas o a uno mismo. Ahora bien, si piensa que esos pensamientos son usted o si usted dice: "Yo pienso esto", entonces comete uno de los mayores errores que se pueden cometer en el
Trabajo. Concede a esos pensamientos poder sobre usted porque se identifica con ellos, o simplemente concuerda con ellos sin darse cuenta de lo que el Trabajo ensena incesantemente, es decir, que debe practicar la separacion interior. Si toma todo lo que sucede en la esfera de
sus pensamientos como "Yo", no le sera posible practicar la separacion interior. .Por que? Porque toma todo lo que pasa en sus pensamientos como si mismo. .Como puede separarse si toma todo como si mismo, todo como "Yo"? .Como "Yo" puede separarse de "Yo"? Ahora bien, en lo que concierne a la esfera de las emociones, existen tambien muchos "Yoes" que producen cambios en nuestros estados emocionales. De igual modo que ciertos "Yoes" transmiten pensamientos a nuestra mente, asi otros transmiten sentimientos a la esfera de nuestras emociones. Esos "Yoes" afectan directamente el estado emocional y tocan apenas el pensamiento. Algunos de esos "Yoes" suelen agotarnos, hacernos perder la confianza en nosotros mismos, deprimirnos, desalentarnos, etc. Sin embargo, son "Yoes" que obran en
nosotros y que se nutren a nuestras expensas. Si al menos pudieramos siempre recordarnos a nosotros mismos, esos "Yoes" no tendrian poder sobre nosotros. Pero por regla general les hemos concedido tanto poder que ni siquiera se nos ocurre desafiarlos y entran y salen de
nuestra parte emocional como si les perteneciera. Ahora bien, aunque sean dificiles de observar directamente, al cabo de un tiempo en el Trabajo sera capaz de descubrir su presencia al tener la percepcion de una baja de nivel o de una subita perdida de fuerza. Si
usted no es bastante rapido, esa clase de "Yoes" penetraran en su persona y se posesionaran de usted y luego para librarse de ellos necesitara dias de trabajo. Es preciso aprender a andar dentro de nosotros mismos muy cuidadosamente. Es inutil discutir con los "Yoes"desagradables. Por eso la practica de la separacion interior tiene tanta importancia en el Trabajo. Basta dormirse un instante en una situacion dificil para permitir la entrada de esta clase de "Yoes". En el proximo instante estara en poder de ellos y le haran ver y sentir todo
segun su modo peculiar. Si en tal momento alguien en el Trabajo le produce un choque apropiado sentira al punto de una manera muy diferente y se preguntara que se proponia hacer. Esto significa un cambio; que otros "Yoes" se han hecho cargo de usted. Todo nuestro
trabajo finca en separarnos de los "Yoes" equivocados, primeramente en la esfera de los pensamientos y luego de las emociones. Se entabla una lucha en uno mismo entre losdiferentes "Yoes", equivocados y correctos. El Trabajo nos procura el poder de separarnos de
los "Yoes" equivocados. La vida no puede damos ese poder, por el contrario la vida alienta muchos "Yoes" equivocados. Por eso nos ensenan a observarnos a nosotros mismos a la luz del Trabajo. El Trabajo es un sistema de observacion y proviene de la Humanidad Consciente,
es decir, de aquellos que lucharon en la batalla de los "Yoes" y alcanzaron su meta. Cuando estamos en malos estados de pensamiento o de sentimiento, si no realizamos esfuerzo alguno para recordar mejores estados somos arrastrados, y sin embargo no deberiamos no ser
arrastrados. Lo que nos arrastra es nuestra eleccion. Gozamos internamente del poder de eleccion. Cuando somos incapaces por el momento de hacer algo con nosotros mismos, por lo menos debemos retener el poder de no ceder completamente a nuestro estado, de no creer por
entero en el y, por asi decirlo, de tener paciencia con nosotros mismos y de advertir que estamos muy equivocados, pese a no saber como se puede salir de ese estado. Luego, tenga la seguridad de que al cabo de un rato estara otra vez en un mejor estado. Pero si cede plenamente a sus pensamientos y sentimientos, si les dice "Yo", en un sentido total, entonces establecera en si mismo algo de lo cual le costara mucho separarse. Cuando entienda sin que le quepa la menor duda que en usted tiene diferentes 'Yoes", cuando pueda oirlos hablar o los advierta obrando sobre sus emociones, y sin embargo se mantenga separados de ellos, empezara a comprender el lado practico del Trabajo. Empezara a comprender la primera linea del Trabajo, es decir, trabajar sobre si.

COMENTARIOS PSICOLOGICOS SOBRE LAS ENSEÑANZAS DE GURDJIEFF Y OUSPENSKY
VOL. II

miércoles, 10 de diciembre de 2008

LOS YOES


LOS YOES, LAS MULTIPLICIDAD

Ante todo, el hombre debe darse cuenta que él no es uno, que es muchos. No tiene un yo único, permanente e inmutable. Cambia constantemente. Un momento es una persona y en el momento siguiente es otra, poco despues una tercera, y así sucesivamente, casi sin término.
Lo que crea en el hombre la ilusión su unidad o de su integridad es, por una parte, la sensación que tiene de su cuerpo físico, por otra parte su nombre, que en general no cambia, y por último cierto nùmero de hàbitos mecánico implantados en él por la educaciòn, o adquiridos por imitación. Al tener siempre las mismas sensaciones físicas, al oirse llamar siempre porel mismo nombre y al hallar en sí
los hábitos e inclinaciones que siempre ha conocido, se imagina permanecer el mismo.
En realidad no existe unidad en el hombre, no hay un centro único de comando. ni un Yo permanente.
El esquema general del hombre es como un círculo subdividido en yoes.
Cada idea, cada sentimiento, cada sensación, cada deseo, cada "yo amo" o "yo no amo" es un "yo". Esos yo no están ligados entre sí, no coordinados de modo alguno.
Cada uno de ellos depende de los cambios de circunstancias exteriores y de los cambio de impresiones.
Tal yo sigue automáticamente a tal otro y algunos aparecen siempre acompañados de otros. Pero no hay en ello ni orden ni sistema.
Algunos grupos de yoes tienen en con lazos naturales. Hablaremos de esos grupos más adelante. Por ahora debemos comprender que los lazos de cierto grupode "yo" están constituidos únicamente por asociaciones accidentales. recuerdos fortuitos o semejanzas perfectamente imaginarias.
Cada unos de esos yo representa, en un momento dado, más que una ínfima parte de nuestra funciones , pero cada uno de ellos cree representar el todo. Cuando el hombre dice yo, se tiene la impresión que habla de él en su totalidad, pero en realidad, hasta cuando cree que es así, no es sinó un pensamiento pasajero, un humor o un deseo pasajero. Una hora después puede haberlo olvidado completnamente, y expresar con la misma convicciòn exactamente una opinión, un punto de vista o intereses opuestos.
Lo peor es que el hombre no recuerda tal cosa. En la mayoria de los casos da crédito al último yo que se ha expresado, mientras éste dure, mientras un yo sin precedente opine con más fuerza.

(pags. 18-19)
La posible evolución del hombre. P.D.Ouspensky